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- Chequera del banco de la fe Charles Spurgeon
Posted by : Unknown
viernes, 12 de julio de 2013
12 de Julio
“Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos
para ser castigados en el día del juicio.” 2 Pedro 2: 9.
Los piadosos son tentados y probados. La fe que nunca es puesta a prueba, no
es verdadera fe. Pero los piadosos son liberados de sus pruebas, y eso no por el
azar, ni por agencias secundarias, sino por el propio Señor. Él asume
personalmente el oficio de liberar a quienes confían en Él. Dios ama a los
piadosos que le siguen, y Él tiene el propósito de saber dónde están, y cómo les
va.
Algunas veces su camino parece ser un laberinto, y no pueden imaginar cómo
habrán de escapar del peligro que los amenaza. Él sabe a quién liberar, y cuándo
liberarlo, y cómo liberarlo. Él libera de la manera que es más provechosa para los
piadosos, más aplastante para el tentador, y más glorificante para Él mismo.
Podemos dejar el “cómo” al Señor, y contentarnos con regocijarnos en el hecho
de que Él, de un modo o de otro, hará que Su propio pueblo supere todos los
peligros, pruebas y tentaciones de esta vida mortal, para gloria de Su propia
diestra.
En este día no me corresponde a mí fisgonear en los secretos de mi Señor, sino
esperar Su tiempo pacientemente, sabiendo esto, que aunque no sé nada, mi
Padre celestial sí lo sabe.
“Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos
para ser castigados en el día del juicio.” 2 Pedro 2: 9.
Los piadosos son tentados y probados. La fe que nunca es puesta a prueba, no
es verdadera fe. Pero los piadosos son liberados de sus pruebas, y eso no por el
azar, ni por agencias secundarias, sino por el propio Señor. Él asume
personalmente el oficio de liberar a quienes confían en Él. Dios ama a los
piadosos que le siguen, y Él tiene el propósito de saber dónde están, y cómo les
va.
Algunas veces su camino parece ser un laberinto, y no pueden imaginar cómo
habrán de escapar del peligro que los amenaza. Él sabe a quién liberar, y cuándo
liberarlo, y cómo liberarlo. Él libera de la manera que es más provechosa para los
piadosos, más aplastante para el tentador, y más glorificante para Él mismo.
Podemos dejar el “cómo” al Señor, y contentarnos con regocijarnos en el hecho
de que Él, de un modo o de otro, hará que Su propio pueblo supere todos los
peligros, pruebas y tentaciones de esta vida mortal, para gloria de Su propia
diestra.
En este día no me corresponde a mí fisgonear en los secretos de mi Señor, sino
esperar Su tiempo pacientemente, sabiendo esto, que aunque no sé nada, mi
Padre celestial sí lo sabe.
